Nacen los Caminos Escolares en el pueblo de Mendigorría.

El pasado día 24 fue un día importante para el colegio porque se rubricó uno de los últimos sueños de la comunidad: los Caminos Escolares. Por fin han llegado y lo decimos con mucha alegría. Otro cambio sostenido por un buen número de personas que aprecian las bondades de ir al cole cada día en compañía, dando un paseo matinal. Poco a poco va aumentando el número de centros educativos, como el colegio comarcal de Puente la Reina o el colegio público Erreniega de Zizur Mayor, que ya han optado por los Caminos Escolares como una apuesta de presente y futuro que contribuye a resolver algunos problemas que irán decreciendo con el paso del tiempo: el tráfico al colegio disminuye, lo mismo que la consiguiente contaminación y el ruido, al tiempo se activan las piernas y, por tanto, también el cerebro. Y eso sin olvidarnos de que a más de uno y más de una el leve bullicio infantil que recorra las calles le servirá de despertador.

La Comisión de los Caminos Escolares lidera la implantación de los Caminos Escolares.

La Comisión de los Caminos Escolares ha sido la responsable de organizar cuatro itinerarios simultáneos que parten a las 8:45 de los puntos más alejados de la escuela y que continúan por las calles hasta llegar a su destino. Allí, como siempre, les espera una bienvenida musical, con los profesores y profesoras en el zaguán de la escuela, sonrientes, para recibirlos y empezar una nueva jornada. Como toda nueva norma, propuesta, medida que se implementa, es necesario dejar pasar el tiempo para que se resuelvan los problemas que vayan surgiendo porque sabemos que es caminando –¡nunca mejor dicho!– como se pulsa la verdadera dimensión de los cambios.

Todo comenzó con un simulacro en el que participó el alumnado, el profesorado y cuantas personas quisieron venir.

 

Lo que no reviste importancia cuando se habla en una comisión, resulta que sí lo es cuando se pone manos a la obra y viceversa: lo que nos lleva horas de diálogo, muchas veces en la práctica no entraña dificultad alguna. Sin embargo, tomamos en consideración unas condiciones iniciales bajo las que iniciar los Caminos Escolares, como informó puntualmente la Comisión que se está ocupando de estas tareas: se estima poder llegar a las 8:50 de la mañana a los puntos de encuentro, aunque es previsible que pueda haber modificaciones horarias según se trate de un camino u otro, ajustes que requerirán paciencia ya que, además, los ritmos de los niños son variados y es prioritario, desde luego, que no echen a correr en ningún momento. Así mismo, habrá un grupo de adultos que voluntariamente se turnarán para guiar el camino escolar, con objeto de garantizar la seguridad en todo momento.

La Comisión también propone que de cara al curso 2017-18 los cuatro trayectos estén señalizados y que los pasos de cebra de la carretera principal se acondicionen para que la llegada a la escuela no entrañe ningún peligro. Por supuesto, cualquier familiar que lo desee tiene total libertad para unirse al camino en cualquier momento porque sabemos cómo ha empezado la aventura de los Caminos Escolares pero no sabemos hasta dónde nos llevará la iniciativa y la creatividad de las personas de nuestro pueblo que decidan mejorarlo. El primer paso ya se ha dado, en comunidad.

Todo espacio público es potencialmente una escuela. Y los Caminos también lo son.

En nuestras aulas también estamos viviendo el cambio de los Caminos Escolares. Los niños y niñas, con todas las familias que lo desearon, y el profesorado vivimos un ensayo general semanas atrás, un día por la tarde. Nos dividimos en grupos y caminamos juntos desde los puntos de origen de los Caminos. Todo discurrió sin ningún sobresalto y al llegar al colegio, sucedió algo que no estaba programado: sentados en círculo improvisamos una reunión entre todos y todas. Según finalizaban cada camino, los participantes se sumaban a quienes ya habían llegado para dialogar en torno a lo vivido minutos antes. El regocijo que vivimos al escuchar el deseo de dar opinión y explicarse de los niños y niñas nos lleva a la conclusión de que los Caminos son un camino, uno más pero muy importante, también. Todo eran manos levantadas, no importaba de quién, para contar experiencias personales, argüir pros y contras, debilidades y fortalezas, y comenzar a debatir cómo podrían hacerse visibles y más conocidos por todo el pueblo.

Toda iniciativa requiere audacia y corazón. ¡¡¡Enhorabuena, pioneras y pioneros!!!

El siguiente paso lo estamos dando en las aulas, donde chicos y chicas ya están pensando cómo señalizar de la mejor manera posible cada camino: ¿huellas pintadas en el suelo?, ¿señales verticales?… Estamos realizando grupos interactivos, estamos escribiendo textos argumentativos con este objetivo porque queremos aprender cosas de la vida en el colegio, construyendo sentidos. Es el carácter dialógico de la toma de decisiones lo que fortalece esta iniciativa caminante y, por tanto, hace de ella una actividad que deja de ser escolar porque está llamada a transformar Mendigorría. Recordemos que el proyecto comunitario de nuestra escuela tiene por objeto mejorar no solo el centro educativo sino la vida misma de Mendigorría. A nuestra escuela no la definen las paredes que contienen objetos y albergan niños y niñas, sino un espíritu que debiera continuar muy vivo más allá de cualquier circunstancia adversa.

Reflexiones ante la duda

No estamos abocados a buscar en la escuela del pasado la solución a los desafíos de hoy porque en las respuestas a los problemas de antaño no encontramos las respuestas a los de hogaño: volver la mirada atrás no nos garantiza resolver los problemas de hoy ya que la sociedad ha cambiado. No parece razonable soslayar el cambio transformador en la escuela solo por añorar formas de entender el aprendizaje y la convivencia que pertenecen a la arcaica sociedad industrial. Tampoco nuestro pueblo era hace quince, veinte, treinta años lo que es hoy. Poner en marcha los Caminos Escolares contribuye a definir una escuela nueva y dar más vida al currículo dentro de los márgenes que permite y alienta la legislación: educar en el pensamiento crítico y abandonar la imposición, apostando por una escuela que está llamada a redefinir las condiciones que le dan sentido.

Comenzar el día con un paseo  constituye un ejercicio aeróbico que nos activa de par de mañana.

Los cuatro caminos escolares, las señales, el acondicionamiento de algunos tramos… son un qué que solo tiene sentido con la fuerza de un gran para qué. Si el fin está claro, las dificultades se solventarán. Y las conversaciones basadas en los argumentos que se tengan en casa ante y con los hijos y las hijas servirán a tal fin puesto que son un garante de aprendizaje. Las formas correctas, las normas de cortesía, las palabras biensonantes, aun siendo muy bienvenidas, no sustituyen al argumento, siempre necesario para crecer. Mantener el decoro únicamente nos tranquiliza cuando no tenemos vocación de mejorar las cosas sino de mantener una cierta imagen ante los demás y evitar el compromiso con el progreso real. El decoro, esto es, las buenas formas, no sostendrá por sí mismo el respeto por uno mismo y por los demás, y sí podría alimentar actitudes que nos hacen escabullirnos de las responsabilidades y nos impiden mirar las cosas de frente.

Animémonos a conocer y participar en los Caminos Escolares. Sería estupendo que pasaran a formar parte de las mañanas de Mendigorría y de la historia de este pueblo. ¡Todo se andará!

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