Escribir historias como grupo nos convierte en mejores pensadores.

En dos sesiones de cincuenta minutos, los chicos y chicas del primer ciclo de la escuela se emplearon a fondo para escribir una breve e inquietante historia. Con la ayuda de las profesoras, hicieron un generoso esfuerzo para concentrar sus mentes junto a un alumno del tercer ciclo, que les acompañó como asesor en tan ardua tarea.

Escribir es la otra cara de la lectura. Se nutre de ella pero es distinta. Escribir con los demás es ejercitar el respeto y la empatía para comprender a los coescritores de la historia, porque escribir juntos es construir un espacio común. Los psicólogos lo llaman intersubjetividad, la piedra angular del aprendizaje dialógico. Este fue el texto escrito por los catorce niños y niñas del Primer Ciclo del colegio público de Mendigorría.

Las aventuras de Sinnombre

En el siglo XXI había una niña que se llamaba Sinnombre porque nada más nacer se murieron sus padres. Fue creciendo cada vez más fea. Bueno, eso decía su enemigo Marcelo, del orfanato. Un miércoles pasó algo terrorífico. La pandilla de Marcelo desapareció de su cuarto. De repente, dieron un salto desde el armario de Sinnombre. Sigilosamente se acercaron a ella. Sin darse cuenta de que estaban detrás, ella se quitó los pantalones para ducharse. Dejó al aire su cajón de la basura. Marcelo y sus amigos, al verlo, intentaron rapárselo. Sinnombre, como era tan generosa, les entregó un regalo: un suave y delicado aire maloliente. Pasados cinco días, en el periódico El Peciolo, salió una extraña noticia: Un niño huérfano hallado en las tuberías del retrete de un orfanato. FIN.

Todas las semanas se reúne el grupo clase para imaginar un texto narrativo, una historia que explique aspectos del mundo, que resulte útil para integrar lo vivido y pueda consolidar los aprendizajes (el nombre del periódico El Peciolo no es sino algo estudiado en el proyecto Las Plantas de Interior del segundo trimestre). Se trata de empujar la experiencia individual de escribir más allá de sí misma para alumbrar posibilidades nuevas mediante el encuentro con otros niños y la mano ducha de las maestras. Es un trabajo esforzado que exige destreza y adquirir aprendizajes básicos como los siguientes: encontrar un objetivo común para la tarea, asumir que la primera ocurrencia no suele ser la mejor, lo mismo que dejarse convencer por las buenas razones aportadas por los demás para enriquecer el texto.

Escribir exige un esfuerzo que convoca tanto lo conocido como lo desconocido de uno mismo para comprenderse mejor y jugar con las posibilidades que brinda la propia lengua. Tomar y dejar palabras, sopesar pros y contras de las opciones que van surgiendo cuando un grupo nutrido de niños y niñas se pone a pensar desafiando el espacio en blanco… Cuando los niños realizan actividades conjuntamente no solo se enfrentan al reto de sentir lo que los demás están sintiendo (empatía afectiva), sino que también ejercitan su capacidad para sentir lo que los demás están pensando (empatía cognitiva). Estas funciones mentales son vitales para crecer, por lo que en la escuela hemos de tomar parte activa para desarrollarlas. Si desde casa también consideráis que es importante, aquí os entregamos, madres y padres mendigorrianos, cinco consejos que os ayudarán con los peques de la casa. Son los siguientes:

  1. Escribir no es únicamente un trabajo escolar, por más que esté en el currículum educativo. Anima a tu hija a escribir como un acto de libertad, para cultivarse y crecer. Enséñale a mirarse en el espejo de sus textos para que sepa en qué está pensando y qué puede pensar, qué es importante para ella.
  1. Tu hija puede escribir textos muy distintos: desde notas de disculpa hasta listas imposibles de la compra, pasando por mensajes de esperanza para personas desdichadas o declaraciones de amor… Mensajes para dejar bajo una almohada, en el alféizar de una ventana o en el interior de un microondas… Enseña a tu hija desde ya mismo a perseguir muy distintos propósitos. Lo llevará consigo toda la vida.
  1. Si quieres que tu hija sea una pensadora original, entonces olvídate de peinar sus primeros textos buscando errores de ortografía pues el objetivo no es que tú te sientas bien con lo escrito por ella, en todo caso tu satisfacción será la consecuencia. Es tu hija la que ha de sentirse bien como exploradora del mundo de las ideas y con su instrumento, las palabras.
  1. Abandona, por tanto, el espíritu de censor. El ser humano empezó a escribir como antídoto contra la falta de memoria, pero al hacerlo su pensamiento mejoró ya que, entonces, pudo revisar lo pensado. Ayuda, así, a que tu hija disfrute, sobre todo, porque escribir es un acto complejo y tiene toda la vida para ir mejorando.
  1. Escribe tú también para saber qué siente tu hija. Atrévete y comparte con ella lo que es importante para ti, como compañero en la tarea de pensar sobre las cosas que merecen la pena ser pensadas. Ejercita tu honradez intelectual con tu hija y como madre, como padre, olvídate de métodos y apóyate en las profesionales que cogen el lápiz de tu hija para escribir con ella.

¡¡¡Felices textos!!!

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