Emocionante visita de la Escuela de Mendigorria a Tierra Rapaz, en La Rioja.

Como sabéis, no nos prodigamos en exceso a la hora de publicar nuevas entradas en nuestro blog escolar. Es mucho el trabajo que hemos de llevar adelante, de modo que tenemos que concentrar esfuerzos para compartir solo algunas de las acciones educativas que realizamos de continuo en la comunidad. Otras actuaciones, plenas de sentido, quedan en el tintero sabiendo, como sabemos, que poco a poco va calando en Mendigorría una particular forma de dar valor al aprendizaje dialógico, auténtico motor de este colegio público.

En Tierra Rapaz disfrutamos de un día fantástico y espléndidas exhibiciones donde primó la confianza de los adiestradores en las aves, protagonistas en todo momento. Un águila de Harris pasó entre estos dos atrevidos muetes sin rozarlos.

Nuestra pasada visita a Tierra Rapaz en Calahorra, el día 31 de marzo, bien merece una reseña bloguera. Por eso hemos querido subir un post que nos siga ayudando a mirar con ojos críticos qué mueve nuestro proyecto educativo, forjado en torno al encuentro entre personas distintas, de edades distintas, con saberes distintos y un único objetivo: aprender en todo lugar, en todo momento y con todo el mundo. La de Tierra Rapaz no solo fue una visita para escolares. Los maestros y maestras retrocedimos en el tiempo, alguna que otra década ya… Tierra Rapaz no es un albergue para aves rapaces, sino un auténtico centro de investigación, un espacio lleno de significado que contribuye a crear y consolidar el conocimiento.

La atención de quienes observan y la delicadeza de la niña que alimenta al ave palpitan en la imagen. Para cocinar el aprendizaje necesitamos los dos ingredientes.

Qué tendrán los animales que aquietan la mirada de los peques, que los envuelven como si a su alrededor desapareciera todo. Uno de ellos fue el polluelo de lechuza al que tuvimos ocasión de dar de comer. Nos explicó el monitor que, cuando creciera, a ese pollo seguramente se le confiaría alguna función como ahora tienen otras rapaces adultas. Su madre se llamaba Violeta y tomó parte en la exhibición de nocturnas que contemplamos en el recinto a escasos metros de donde fue tomada esta foto. Tierra Rapaz tiene unas amplias y magníficas instalaciones, con espaciosos aviarios donde las aves son cuidadas con esmero. Ahí descubrimos cárabos, búhos, lechuzas, milanos negros, águilas de Harris, caracaras, cigüeñas…

El tiempo nos acompañó en todo momento durante la visita. Solo nos inquietó una fina lluvia durante unos instantes.

Aprendimos que las cigüeñas también son carroñeras, que las rapaces nocturnas de ojos amarillos cazan de día, que ciertos búhos se comunican en la selva de Java abriendo y cerrando los ojos para no hacer ruido y evitar, de esta forma, ser descubiertos. Aprendimos que las águilas hacen ruido al volar porque el viento no puede atravesar la tupida estructura de sus plumas; en cambio, las plumas de las rapaces nocturnas sí deja que el viento pase a través de ellas, lo que convierte su vuelo en inaudible para sus potenciales presas.

Hay maestros y maestras de toda las edades. Por eso nunca insistiremos lo suficiente en afirmar que el verdadero nivel educativo se adquiere a través del encuentro igualitario con todas las personas.

Supimos que los mochuelos excavadores son aves comunitarias, que construyen sus escondrijos en la tierra como si fueran topos y que organizan su vida de una manera particular: excavan una cámara para las hembras que están criando, otra para los machos que tienen pareja, diferente de la de los machos jóvenes y más lejos, a veinte metros de distancia, la que hace las veces de retrete. Y para pasmarnos del todo supimos que dos metros bajo todas ellas se encuentra una cámara especial, adonde acuden los mochuelos cuando advierten un peligro serio.

Otra cosa que nos dejó atónitos es que no hay actividad más extenuante para un águila que desmenuzar una presa en mil quinientas piececitas de apenas unos gramos con objeto de alimentar a su prole. Indudablemente, existe un orden en la naturaleza, una sabia manera de ser y vivir que debe ser conocida, para ser amada profundamente y, por tanto, respetada. Conocimiento, amor y respeto, una terna insoslayable cuando se trata de acercarnos a esos momentos sagrados del aprendizaje.

¿Qué te ocurre? ¿Puedo hacer algo por ti?

Siempre que es posible, lo que sucede prácticamente a diario en nuestra escuela, buscamos las oportunidades para que los niños y niñas pequeñas aprendan de los mayores y estos, aprendan enseñándoles. Lo mejor de todo es que a nuestros chicos y chicas no hay que explicárselo porque ya lo saben. Tal y como se aprecia en la imagen superior, sabemos que hemos de buscar el encuentro entre personas de edades distintas, porque nos lo dicen las evidencias científicas. Por esta razón,  en nuestras aulas conviven niños y niñas de dos cursos distintos y fomentamos la diversidad porque la igualdad de diferencias es un principio educativo básico que ha de ser respetado siempre que pensemos en construir una convivencia creativa y en lograr el bien común.

Luis y su familia tuvieron una estrechísima relación con el inmortal Félix Rodríguez de la Fuente. Expresar lo que se quiere empleando las palabras más apropiadas para ello no es una opción, es una condición para vivir próximo a los demás.

Con la diversidad, el número y calidad de las siempre bienvenidas preguntas crece pero, en ocasiones, quienes han de responder escogerán el mejor momento para hacerlo porque las dudas surgen de la escucha activa, que requiere tiempo y concentración. Debemos aprender a guardar el turno y a esperar con paciencia que se nos responda puesto que no estamos solos en el aprendizaje, y eso lo sabemos bien en el colegio. Debemos buscar el encuentro entre muchas personas porque, de no hacerlo, simplemente aprenderíamos menos. Responder a los jóvenes que preguntan es una obligación de los adultos que, eso sí, escogerán cuándo responder porque satisfacer la curiosidad legítima, que alentamos siempre, no es colmar el simple deseo de llamar la atención, bien distinto del deseo de saber.

Tierra Rapaz colabora y mantiene contactos con centros de investigación de todo el mundo. En esta imagen apreciamos cómo se monitoriza cada instante de la vida de los polluelos que nacen en cada nido.

Tierra rapaz es un lugar muy especial. De reciente construcción, alberga numerosas aves, muchas de ellas de otras continentes. La mayoría no son reintegrables a la vida salvaje puesto que si dejaran la cautividad morirían: por diversas razones, todas ajenas al centro de investigación, ya han perdido su capacidad de adaptación a la vida en libertad. Esta circunstancia nos ha hecho repensar la función de algunos lugares perfectamente acondicionados donde se llevan a cabo proyectos de investigación que ayudan a conocer mejor qué medidas adoptar para conservar mejor todos los hábitats y favorecer a los animales que viven en ellos. Si tenéis oportunidad, familias, amantes de la naturaleza, curiosos y curiosas…, no dejéis de visitar Tierra Rapaz porque pasaréis un día estupendo en compañía de aves maravillosas y de personas que las llevan en el corazón. Y aquí al lado, en Calahorra. ¡No os lo perdáis!

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