“Mamá, yo no quiero ser princesa, sino bruja”

Atenta y en silencio, la madre traía de vuelta al colegio de  Mendigorría a parte del grupo de estudiantes que acababa de pasar la mañana con Diego Arregui, su familia y el grupo de empleados que dedican sus esfuerzos diariamente al cultivo de plantas medicinales en su finca de Puente la Reina. Si las brujas –chamanesas, curanderas– poseían, de verdad, el conocimiento ancestral heredado de sus mayores y lo ponían al servicio de la curación de todo tipo de males, no parece difícil comprender lo que comprendió esa niña. Entre deambular por pasillos palaciegos siendo objeto de la mirada de los demás, y combatir el dolor ajeno poniendo el conocimiento y la intención al servicio de dicho fin, ¿con qué quedarse? ¿Por qué ser bruja no podría ser entonces un horizonte de desarrollo personal más rico, liberador y solidario que ser princesa?

Cuando se hace una salida escolar, a veces el significado de lo vivido se construye después, cuando dejamos atrás la vivencia y damos tiempo para que nazca la experiencia, surgida del diálogo, sea en el asiento de atrás de un coche o en un aula. Convertirnos poco a poco en personas críticas es lo que puede pasar si nos situamos sin prejuicios frente a quienes nos cuentan cosas que no sabemos.

Dos chamanesas de hoy nos cuentan cómo las culturas tradicionales enfrentaban las enfermedades mediante las plantas que crecían en el entorno cercano, y cómo debemos conocer que hoy siguen creciendo aquí mismo.
Dos chamanesas de hoy nos informan de cómo las culturas tradicionales se enfrentaban a las enfermedades utilizando las plantas que crecían en el entorno cercano, y de cómo debemos conocer que hoy siguen creciendo aquí mismo.

Encontrarse con personas nuevas es una oportunidad para aprender que el conocimiento está muy distribuido, que lo poseen muchas personas que no enseñan profesionalmente, aunque bien pudieran hacerlo, porque lo han atesorado con tiempo, estudio continuo, empeño, investigación y cariño.

Aunque podríamos reflexionar largo y tendido sobre cómo discurrió la visita, apenas vamos a destacar unas pocas ideas:

1. Conocer a personas con un gran conocimiento que están cerca es un privilegio. Lo cercano es, muchas veces, ignorado precisamente por cercano. Diego Arregui nos llevó de su mano a un mundo cercano en el espacio pero demasiado lejano y ocultado por el pensamiento único. Tuvimos oportunidad de conocer diversas plantas medicinales, unas de esta tierra, otras de América, que constituyen una auténtica materia prima para elaborar medicamentos.

Identificar las plantas por el sabor es una científica manera de explorar el mundo que es domingo anda por los niños pequeños.
Identificar las plantas por el sabor es una científica manera de explorar el mundo. Los niños pequeños la dominan. Pasamos una mañana muy, muy instructiva y divertida. Todo el mundo nos trató de cine.

2. El saber, el conocimiento, está distribuido entre las personas, cada una de ellas con una trayectoria de aprendizaje particular, diferente a la de los demás. Esto las hace únicas. Este conocimiento también lo atesoran personas que no trabajan en la escuela, que tal vez no hayan tenido jamás un vínculo con la educación formal pero que poseen un acervo cultural, un conocimiento y una sabiduría que nos ayuda a los demás a descubrir nuestro talento, a reconocer cuáles son nuestros deseos profundos, qué nos mueve el corazón. Porque estas personas, como el etnobiólogo Diego Arregui, sienten pasión por lo que hacen y, como no puede ser de otra manera, la comunican. Por esta razón, los niños y niñas han de tener contacto con personas así.

3. Se aprende en todo lugar si la intención es correcta y la actitud por aprender es sincera. Por ello es necesario dar valor a lo que está al alcance de la mano, si lo merece, rompiendo la artificiosa línea que separa lo académico de lo que no lo es. Esta línea se ha mantenido durante mucho tiempo para preservar la posición de poder de ciertos estamentos, colectivos y personas, supeditando los hallazgos de la verdadera ciencia a los intereses particulares de quienes deciden qué deben conocer las personas y qué no.

En el cole hacemos exposiciones orales desde Infantil. Hablar en público es una habilidad que se entrena en cualquier lugar, bajo cualquier circunstancia.
En el cole hacemos exposiciones orales desde Infantil. En la finca fuimos sorprendidos con esta tarea pero aceptamos el reto bien: hablar en público es una habilidad que se entrena en cualquier lugar, bajo cualquier circunstancia.

4. Aquella mañana que vivimos con Diego y todo su equipo nos engancha a una red de conocimiento que está presente a nuestro alrededor y que nos hace relacionar lo vivido en un entorno no escolar con lo adquirido en las aulas. Hemos de vivir la continuidad entre todos los entornos que se vivencian como lugares de aprendizaje. Por esta razón, los niños y las niñas han de tener contacto con lugares así.

5. El conocimiento debe estar al servicio de alguien, debe ser útil para ayudar a personas en dificultades. Quienes dedican su vida a este menester merecen poder ser espejo para los escolares que necesitan crecer con modelos que propongan formas de vida cuyos fines van infinitamente más allá de lo que proponen muchos medios de comunicación y que, seguramente, anega buena parte de lo que podrían ser expectativas auténticas de las mujeres y hombres del mañana.

Damos las gracias a todas las personas que nos enseñaron las plantas, que nos enseñaron cómo era la casa tradicional de la zona, y especialmente a Diego, a Liliane. ¡Apartir de ahora ya somos amigos!
Damos las gracias a todas las personas que nos enseñaron las plantas medicinales, que nos enseñaron cómo era la casa tradicional de la zona, y especialmente a Diego y a Liliane. ¡Hasta nos regalaron plantas para el cole y, a cada uno, el precioso libro que ha escrito Diego! A partir de ahora ya somos amigos.

Esta visita escolar fue el último paso de un proyecto de investigación que el alumnado del Tercer Ciclo del colegio realizó en torno a las plantas del terraplén de la escuela. En nuestro afán por mirar con nuevos ojos a las malas hierbas que crecen en ese espacio del cole, nos volcamos en la identificación de las distintas especies, en la búsqueda de información, etc. Así nació el blog que recoge este trabajo.

Porque tenemos derecho a ser brujas y brujos. Porque somos sujetos de compromisos y obligaciones, de derechos y saberes. Por esto queremos seguir aprendiendo a vivir bien y a ser cada día más conscientes. Cumplir este objetivo será más fácil si contamos  con quienes queráis dedicar vuestro tiempo y vuestro talento a los chicos y chicas de Mendigorría. Por esto, nuestra escuela es una comunidad de aprendizaje y está abierta para ti.

Éxito de la Segunda Jornada Interescolar de Comunidades de Aprendizaje de Navarra

El pasado jueves día 26 de mayo se celebró la Segunda Jornada Interescolar de Comunidades de Aprendizaje entre el C.P. Julián Mª Espinal de Mendigorría y el C.P. Garcia Galdeano de Pamplona. En las aulas de este último centro se llevaron a cabo distintas actuaciones educativas de aprendizaje dialógico. En ellas, el alumnado, el profesorado y los familiares voluntarios fueron protagonistas de un encuentro educativo concebido para desafiar saberes, explorar intenciones y también compartir ilusiones y sueños, muchos sueños, que nos impulsan a aprenden más y mejor.

Recordaréis que ya el pasado curso nuestro cole y el C.P. Río Arga de Berbinzana organizamos conjuntamente en Mendigorría, el día 29 de abril, la Primera Jornada Interescolar de Comunidades de Aprendizaje que se celebraba en Navarra. Quienes participamos entonces hicimos una valoración tan positiva de lo vivido aquella mañana que no hemos querido perder la oportunidad de disfrutar de otra experiencia similar durante este curso. Eso sí, esta vez la Jornada la organizaríamos los centros García Galdeano de Pamplona y nuestra escuela de Mendigorría.

Las actividades de ese día fueron semejantes a las realizadas el año pasado: hubo grupos interactivos y tertulias literarias –ambas consideradas actividades de éxito educativo por la comunidad científica internacional– y presentaciones orales. Además, en esta ocasión, el C.P. García Galdeano nos propuso una nueva actividad para los chicos y chicas de Mendigorría: la lectura en parejas. Asimismo, el profesorado asistente participó de una jugosa tertulia pedagógica que nos sirvió para ahondar en distintos aspectos que nos interesan como docentes.

Disfrutamos de un día de intenso trabajo académico que finalizó por la tarde con actividades de carácter lúdico: talleres interculturales, herri kirolak, cubismo exprés, cocina, danza… Fue una gran oportunidad para que niños y niñas de ambos colegios se relacionaran entre ellos y compartieran tareas escolares y juegos.

A ambos centros nos gusta vivirnos pensando de forma crítica en el quehacer educativo. Así, paso a paso, seguimos fortaleciendo nuestros proyectos educativos con la intención de transformar no solo nuestras escuelas sino también el entorno social en que se encuentran. Sin mirar el entorno con esa intención no sería posible cambiar la escuela para que acoja mejor a todas las personas, y los niños y niñas aprendan más. Ambas comunidades nos esforzamos cada día en pos de estos objetivos, y desde la palpable evidencia y la honda convicción de que es vital que las personas que las integran trabajemos codo con codo por una transformación ética que nos ayude a cambiar la sociedad y a hacerla más justa y solidaria.

Desde ahí entendemos que esta Jornada naciera como un encuentro auténtico e igualitario, un verdadero regalo de fin de curso, concebido para tomar conciencia de dos proyectos educativos que apuestan por construir mejores experiencias educativas, más potentes, y más firmemente basadas en el diálogo.

Las actividades programadas  hicieron aflorar miradas libres de prejuicios, sonrisas cómplices… de niños y adultos que no se conocían entre sí y que vivieron una experiencia educativa pensada para que nuestros chicos y chicas  aprendan más y mejor, aprendan con todo el mundo y muestren que los principios de la calidad y la equidad han de ser vividos siempre  como principios básicos de la educación y, por tanto, de la vida.

No es muy común que centros educativos distintos organicen un día como este, pero no erramos lo más mínimo si decimos que la experiencia del curso anterior avaló el éxito de la celebrada el día 26, puesto que los objetivos que se perseguían eran diáfanos y compartidos por ambos centros, además de que las actividades que se iban a realizar eran fieles al aprendizaje dialógico, pilar fundamental de toda comunidad de aprendizaje y eje vertebrador de las actuaciones educativas del C.P. García Galdeano de Pamplona y del C.P. Julián Mª Espinal Olcoz de Mendigorría.

Queremos aprovechar esta entrada para agradecer sinceramente al equipo directivo del colegio pamplonés, a su claustro, al personal no docente y a todo el voluntariado participante –cocineras incluidas, cómo no– el enorme esfuerzo que realizaron en la organización de esta jornada, su entrega, y el espíritu comunitario del que hicieron gala y que se palpa en el ambiente, que nos llena de orgullo y nos anima a seguir defendiendo una escuela abierta y comprometida con las personas, con todas ellas.

La Jornada no continuaría al día siguiente por más que hubiera alumnos de ambos coles que lo pidieran. Quizás en otra ocasión…, en otro lugar…, pero con la misma intención de enriquecer la experiencia vital de los niños y las niñas, brindándoles la oportunidad de seguir aprendiendo junto a niños, profesores y voluntarios de otra escuela.

Las fotografías que  nuestros colegas del C.P. García Galdeano han colgado en su página web ilustran estupendamente cómo discurrió la Jornada. Desde este blog alentamos, una vez más, a la reflexión sincera como camino para seguir mejorándonos y mejorando nuestro cole de Mendigorría.

La fotografía nos vuelve investigadores en Mendigorría (2ª parte y última)

Nos vamos arrimando al final del curso, sin darnos cuenta… Esta entrada recoge parte del trabajo que próximamente acogerá la exposición que se inaugurará en el Centro de Arte Contemporáneo de Huarte, y en la que este cole tomará parte junto a un buen elenco de centros educativos, la mayoría de ellos de Secundaria. Así que ya vamos teniendo ganas de llegar al puesto de avituallamiento y reponer fuerzas: dos buenos bocados de buen diálogo, otro par de indagación e inteligencia, y unos pocos más de sinceridad y perseverancia para dar buena cuenta de un delicioso valdibocata de significado. Muchas cosas con un único fin: nutrirnos por dentro.

Siguiendo con la experiencia publicada el 28 de marzo publicamos ahora la visita que realizamos a un espacio emblemático de Mendigorría: las piscinas viejas. Durante dos sesiones consecutivas las piscinas se transformaron en un laboratorio artístico e histórico. Mesas, sillas, caballetes, mapas, diccionarios, algún ábaco, mochilas y, sobre todo, chicos y chicas con cámaras al cuello para hacer fotografías. Todo nos servía para transformar las piscinas en un espacio de interpelación. Jugamos con nuestras propias actitudes, abrazando un espacio ruinoso, lleno de escombros, con los techos rotos… Quisimos dar un poco de lustre a un entorno ciertamente en decadencia prestándole atención. Visitarlo ha sido un intento por acoger las historias de anteayer, abrillantar el pasado del pueblo, multiplicando lo único e imaginando lo por venir.

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Intervenir estéticamente en el mundo es hacerlo éticamente. Y el alumno, la alumna son seres capaces de belleza. De transformación del espacio en lugar, del tiempo en ocasión. En la medida que nos volvemos capaces de cambiar el mundo y de transformarlo nos volvemos seres éticos, apunta el gran Paulo Freire. Así entendemos que el hecho educativo, el quehacer educativo nos reclame autenticidad a través de un acercamiento crítico a la realidad. Por este motivo anduvimos hasta las piscinas, nos adentramos en ese territorio vedado y lo hicimos para respetar a los niños y las niñas. Por puro respeto: por respetar su afán de exploración y sus ganas de saber.

Además de hacer fotos, charlamos. Nos volvimos tertulianos. Y buscamos respuestas para ese entorno. ¿Queremos un lugar de exploración y juego? ¿Un lugar de intimidad? ¿Queremos un jardín secreto? ¿Un rincón de tertulia, un espacio que propone, un lecho para malas hierbas milagrosas, un laberinto de veredas? ¿Queremos escondites y escondrijos? ¿Queremos árboles y arbustos, flores y pinturas, murales Before I die? ¿Un museo, un hogar, muchos lugares, muchos hogares? ¿O un paraíso donde hibridar pensamientos y paisajes? Queremos un lugar seguro para los pies, inseguro para las certezas, un lugar donde desvelar la historia acodada en los alféizares de las ventanas de la vieja sala de baile y oler el moho trepando por las paredes, un lugar donde leer los textos pintados en la pared.

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¿Qué no nos ofrecerá en el futuro un entorno como las piscinas viejas de Mendigorría, un paisaje en la historia de sus vecinos, tan alejado de los parques infantiles? Es ese alejamiento el que nos empuja hacia ellas. Porque no son como los parques, moribundos, donde la acción es más gimnástica -aunque tan positiva por ello, es verdad- que generadora de posibilidades, donde no hay relatos y la evocación está ausente. Donde la cultura es solo reproductiva y se alimenta de patrones y esquemas propuestos por otros que no son los niños. El parque infantil divierte, entretiene, pero no interpela, está agotado antes de nacer. El parque infantil tiene sus fichas escolares, que son para él, lo que la indagación auténtica es para nuestras piscinas viejas. Las piscinas viejas son un territorio que necesita botas y sorpresa. Lo mismo que necesitan las escuelas: botas y sorpresa. Buscamos un lugar dialógico de juegos para que los niños entren en conversación con él, con otras personas, con todos sus objetos, con sus vacíos… Porque el carro que alguien abandonó junto al mostrador del antiguo bar merece muchas miradas.

El espacio de las piscinas no tuvo usuarios ese día, tuvo… ¡disfrutuarios! Alumbramos un lugar destino de intenciones. Prohibimos que fuera un lugar fiel a sí mismo. Lo conocimos explorándolo, caminando entre zarzas, escudriñando rincones apartados, penetrando en oscuras salas porque queríamos apropiarnos de él. Resolvimos entregárnoslo para tomarlo al asalto. Repitiendo gestos escolares en ubicaciones insólitas, colocando sillas y mesas a sentimiento. Las mitades de los chicos y chicas no lo habían visitado porque las ruinas no se deben visitar, sí en cambio se pueden descubrir. Los turistas visitan los lugares. los viajeros los exploran. Y en Mendi queremos formar viajeros. Nada de turistas. Para formar turistas no son necesarias las escuelas.

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Dejamos atrás la atracción de lo mágico, lo ocultado, el lugar provocador que suscita un encuentro novedoso, emocionante, sin precedentes. Un lugar que convoca la inquietud, que desafía la quietud. Un lugar que anima a darse de bruces con lo inesperado, un lugar que es un aula de lo extraño, y lo alejado, que escapa a la cultura dominante, pero cercano y significativo a la vez porque enfrenta a los niños con las historias de otros y les ayuda a alojar el miedo con una sonrisa de excitación y a desalojarlo con otra de satisfacción. El agua, el charco, el barro, el árbol muerto, el seto caprichoso, la pared abierta…

¿Podríamos volver allí provistos de lo necesario para cambiar, modificar, transformar ese lugar con los niños y niñas, y sentir en ese proceso de cambio que nos estamos transformando en personas mejores? ¿Podemos ser éticamente superiores y sentir que nos comprometemos más y mejor con el mundo entero porque damos muestras en nuestro entorno concreto de que disponemos de la capacidad de hacer y sentir, de que somos capaces de crear un mundo mejor y que el camino es intervenir, romper las inercias? ¿Y de que el arte es un arma letal para la creencia asfixiante de que las cosas son como son y de que así seguirán porque siempre fueron de esa manera? Acojamos la idea de que la cultura es un proceso de toma de conciencia de los problemas de las personas, no una colección de hechos, objetos y procesos del pasado. Las personas cultas no son coleccionistas sino artesanos que construyen el futuro, a partir de un sueño.

Como en la primera parte de esta entrada, ninguna de las fotografías que se muestran aquí son de los niños. El tesoro está a buen recaudo. Pronto podrá verse en Huarte. ¡¡¡Hasta entonces!!!

¡Vámonos de tertulia callejera, chicos!: el Día del Libro en Mendigorría.

Con motivo del Día del Libro, el pasado 22 de abril los alumnos y profesores del Colegio Público de Mendigorría dejamos las aulas para leer en las calles. Libro en mano, nos dimos un paseo hasta el corazón del pueblo y nos perdimos por los aledaños de la Plaza del Ayuntamiento para hacer lo que hacemos una vez por semana en el colegio: pasar un rato de tertulia literaria.  Antes de eso, al despuntar la jornada escolar, algo después de las 9 de la mañana, nos reunimos en la entrada del cole para recordar que hace 400 años moría don Miguel de Cervantes Saavedra, el celebérrimo creador del más famoso de los caballeros andantes, don Quijote de la Mancha. Niños y grandes leímos algunas frases entresacadas de aquí y allá.  Incluso nos atrevimos con un pasaje de la esforzada vida del enjuto manchego, uno en el que acababa recibiendo una buena tunda… ¡Pobre hombre!  Después de eso, nos regresamos a las aulas no sin antes recordar a los presentes que al finalizar el recreo callejearíamos hasta encontrar una buena ubicación, aposentar nuestros traseros y charlar sobre un libro, un buen libro.

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Nada más salir fuimos dejando regalos en los coches. Estos regalos no eran sino multas, ´multas literarias´, papelotes casi idénticos a esos otros en cuyo anverso algunos conductores de vez en cuando leemos la matrícula de nuestro auto y, sin caballero andante a quien acudir para vengar nuestro descontento, acudimos presto a Tráfico para ahorrarnos la mitad del agravio. Bueno, el caso es que colocamos una de esas multas en la luna delantera de cada uno de los coches con los que nos topamos. El reverso de ese regalito era una frase, un poema, un pensamiento en torno a la lectura y los libros, en torno al placer de leer y a la aventura de viajar desde el sillón o desde cualquier lugar donde acomodarse con un libro entre las manos.

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Este improvisado guardia urbano le recuerda al caballero al volante que su inexistente infracción no solo está lejos de costarle un euro sino que, muy al contrario, le producirá algún contento si lee con atención el texto que esconde el reverso de la multa. El agraviado conductor parece rendirse a la elocuencia del notario de la infracción devolviéndole una sonrisa bien merecida.

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Los pequeñitos se hicieron notar en el pueblo. Curiosos y con ganas de saber, los viandantes se acercaban al grupo para observar y preguntar, porque eso es lo que hace quien se extraña por algo. Interesarse por la tertulia también es interesarse por los tertulianos y por las emociones que nacen en ellos al abrir un libro. Los más jovenzuelos del cole se dejaron atrapar por dos obras distintas: Amigos y Te echaré de menos, papá.

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Los lugares son espacios habitados por personas que quieren para sí una vida sentida. Algunos invitan especialmente a compartir lectura aunque nunca antes hayan sido escenario para ninguna. Los lugares donde tienen lugar experiencias verdaderas se cargan de nuevos sentidos porque las personas nos apropiamos de ellos con nuestras acciones. Así nos empujamos a pensar creativamente y, por tanto, empezamos a vivir en mundos siempre nuevos.

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El Misisipí no pasa por Mendigorría pero Tom Sawyer encontraría mil y una oportunidades para explorar el mundo también aquí. La lectura de sus aventuras y desventuras seguro ayuda a estos chicos y chicas a barruntar que ese jovenzuelo americano bien podría haber pasado unos días por estos lares tratando de comprender…

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Paisaje al fondo y pensamiento dentro, todo mezclado, todo aflorando de alguna manera, no siempre de forma comprensible, en los comentarios de los tertulianos. El horizonte literario se va alejando según nos vamos haciendo mayores… Así también, el mundo se va ensanchando…

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La tertulia literaria invoca la libre expresión del impacto de la obra, poniendo coto al análisis de adjetivos, formas verbales y jerigonzas estilísticas. Siempre acabamos rindiéndonos al gusto de encontrar algo valioso, siquiera doloroso. Ahí mismo emerge una causa para la alegría, una razón para el optimismo. Y para la fortaleza interior.

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Los buenos libros nos muestran posibilidades nuevas, ayudan a que nuestra imaginación haga músculo y nos enseñan que siempre hay caminos inexplorados, andurriales sorprendentes, angostos vericuetos que uno puede tomar. Un buen libro nos da una lamparita con la que ver dónde poner el pie… Un buen libro siempre nos acompaña hasta el final del túnel.

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La intensa vida de Buck -el perro protagonista de La Llamada de lo Salvaje, de Jack London- nos hace pensar en la ley del más fuerte, nos hace pensar en qué sería de nosotros si las circunstancias vinieran mal dadas. Como cada buen libro que leemos, pensamos en nosotros mismos porque un buen libro siempre habla del buen lector que lo lee.

Los libros que leemos juntos nos ayudan a construir el sentido también juntos y nos empujan a encontrarnos. Así, poco a poco, los alumnos mayores de nuestra escuela han llegado a aceptar el reto de escribir… ¡una novela! Porque nos pusimos a tiro de la lectura, caímos rendidos ante la escritura.

                                          ¡Hasta pronto lectores!

La fotografía nos vuelve investigadores en Mendigorría (1ª Parte)

El arte ha jugado un papel importante en nuestra transformación como comunidad. Pero cuando nos decidimos a trabajar este curso 2015-16 en el marco del Proyecto VACA, de la mano del Colectivo Bitartean, nos propusimos ir más allá de la asignatura de Plástica poniendo en entredicho presupuestos tomados a veces como inamovibles, y sumergirnos en un proyecto educativo para seguir transformándonos como personas, como profesionales, como comunidad, pero esta vez a través de una propuesta de extender el aula. Unos pupitres y sillas de escuela, unas cámaras fotográficas y libertad para tomar tantas fotos cuantas fuera necesario con objeto de plasmar la investigación sobre qué, dónde, cómo aprendemos, y de qué forma elaboran los niños y niñas un discurso que responde a estas –y muchas otras– preguntas.

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Explorando nuestro entorno estamos descubriendo un nuevo mundo. VACA nos está ayudando a educar las miradas…

Las fotos de esta entrada no son el trabajo del alumnado. El resultado final, las imágenes tomadas por las niñas y los niños de este colegio, se expondrá en el Centro de Arte Contemporáneo de Huarte, como parte de la exposición final del Proyecto VACA.

Como bien sabemos, hasta hoy ha predominado en nuestro centro un planteamiento que ha apostado por el encuentro con las familias. Como comunidad, y sin abandonar en modo alguno esta premisa básica, hemos de dar un salto en los procesos de aprender y enseñar, haciéndonos más fuertes en la creación de sentido. Transformarse, más que viajar de un lugar hacia otro, significa enriquecer los destinos, dejar a un lado el buen gusto y aliarse con la creatividad como indagación, abandonar la queja improductiva y acoger la transgresión inconformista.

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Mirar al que mira es imprescindible para seguir aprendiendo.

Hemos echado a andar. LLenos de vacío. Plenos de incertidumbre. Nos hemos echado al campo anejo a la escuela. Con mesas y sillas. Y sin mirar a las ventanas que rodean al colegio. Queremos convertir el aledaño en destino –el campo circundante en escuela– y la escuela en aledaño. Queremos mantener el proceso –aprender, siempre aprender– pero cambiando el dónde. Cambiar el dónde es hacer rico el camino al aprendizaje. Cambiar el dónde hace aflorar el sentido de aprender retornando al aula, cambiados, transformados por dentro.

¿En qué estamos pensando? El propósito de llevar un pupitre y una silla al campo o al casco urbano de Mendigorría subvierte la creencia de que el lugar primordial de aprendizaje es el centro escolar. Trasladar el aula a un lugar en el que los niños y niñas jamás lo situarían es transgredir la creencia limitante de que los aprendizajes más valiosos se dan en el colegio y que la vida real es otra cosa. Es un hecho que  los aprendizajes –formales, no formales e informales– son todos de una gran importancia, todos necesarios. Pero descubrir que el aprendizaje formal puede darse en lugares extraños o no habituales es vital en sí mismo: el mundo entero es un aula y quienes lo habitamos, somos siempre sus aprendices.

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Gestionar el espacio y el tiempo en libertad forma parte del recorrido vital y necesario de toda  persona.

Dejamos el edificio de la escuela sin querer saber quién miraba, sin comprender, tras los visillos. Pero queriendo saber quién se habría unido a nosotros, a hacer lo que nosotros, si se hubiera atrevido. Lástima no saberlo. Los profes dejamos hacer. Mordiéndonos la lengua cuando vimos a cuatro alumnos perderse hacia el Monte la Corona, en el quinto pino. ¡Qué ganas de pegarles un chillo! ¿Pero se puede saber dónde […] vais? Qué bien cuidar la propia garganta y decidir no haber pegado un buen grito. Qué tentación más grande decirse que fue estupendo haberse aguantado, cuando solo la distancia puso freno a tal intención.

Registramos el proceso de indagación: niños y niñas en parejas buscando ubicaciones para hacer fotos que les ayudaran a pensar qué es aprender. Para aprender qué están haciendo cuando se dicen –o no– que están aprendiendo. Proponiéndo(se) escenarios nunca propuestos, para lo cual nos ayudamos del pupitre, la silla y la mochila. Nada más. Colocar mesas y sillas en medio del monte o en cualquier otro lugar puede abrir un debate necesario. Recurrir a estos elementos es del todo simbólico puesto que no son imprescindibles para aprender, pero su empleo invita a una reflexión liberadora que nos cuestione si aprender y enseñar es una necesidad de la vida que se produce en medio de la vida y de todos los lugares donde existe vida. Además de todo ello, resulta obvio el extrañamiento que produciría en los niños y niñas, y en general en toda la comunidad, emplazar en ciertos lugares objetos y mobiliario donde, en condiciones normales, jamás serían encontrados. El impacto visual tendría el poder de provocar narrativas extrañas, transgresoras, con un enorme poder evocador de las que la Escuela de Mendigorría, sin duda, se va a nutrir.

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Los objetos no son propiedades de los lugares. Renacen cada vez que los ubicamos donde no les pertenece nacer.

Qué ocurre si… Qué pienso aunque… Qué consigo mediante… Qué invento desde… Qué imagino como… Cuando estas preguntas no se hacen de pequeñito puede ser que no lleguen a obstaculizar las primeras buenas notas escolares. Pero si no se han hecho de pequeñito, y no se siguen haciendo de talludito, impedirán los aprendizajes auténticos, y las buenas notas cuando más importen, esas notas, esas… no llegarán.

Cuando revivimos en el aula lo vivido fuera de ella, mirando las fotos que se hicieron, lo pasamos bomba. Revisitamos las intenciones que apretaron los gatillos de las cámaras para comprobar que no siempre hubo tales intenciones, lo cual nos enriquece aún más cuando miramos las consecuencias de lo hecho. Y comprendemos lo incierto de nuestras cosas. El efecto de lo impredecible. “No me había dado cuenta de que la silla estaba ahí. ¿No sirve entonces?”, nos preguntamos. Naturalmente que sirve. Jugamos con las circunstancias. Las admitimos, por tanto, y asumimos su papel fundamental. “Pues queda bien ahí la silla. ¿La dejamos?”, nos volvemos a preguntar. “Naturalmente que sí”, nos respondemos aliviados en el fondo. ¡Qué aprendizaje! Estas preguntas y respuestas surgieron ya de vuelta en el cole, mirando las imágenes que acabábamos de tomar. Si decimos que casi fue lo mejor, no exageraríamos. Y dado que va a haber alguna sesión más fuera de la escuela y más tiempo dedicado a la reflexión dentro de ella hasta final de curso, afirmamos que estamos lejos de acabar esta indagación compartida que arroja luz y coloca palabras sobre quiénes somos y quiénes podemos llegar a ser.

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De regreso, comenzamos la experiencia de narrarnos qué es lo que acababa de pasar.

Qué aprendo, cómo y en qué circunstancias, qué elaboro como digno de ser aprendido… Colonizar espacios. Dentro y fuera de nosotras. De nosotros. Encontrar siempre la novedad. Y no decir nada. O gritarla a los cuatro vientos. Ir haciéndonos cada día un poco más. Ir haciéndonos cada día un poco más humanos… Ir haciéndonos entre todos porque necesitamos de la mirada de los otros para aprender a mirarnos por dentro, como nos enseñara el recientemente fallecido Umberto Ecco.

¡¡¡Hasta pronto y muy felices vacaciones!!!

Cuatro Consejeros del Gobierno de Navarra responden al alumnado de la Escuela de Mendigorria

Este trimestre los chicos y chicas del Tercer Ciclo del colegio están estudiando, entre otras muchas cosas, las Consejerías del Gobierno de Navarra. Nos interesa saber cómo funciona Navarra, cómo se mueven los hilos que dirigen la vida en nuestra tierra, lo mismo que la forma que tenemos sus ciudadanos y ciudadanas de decidir qué partido o partidos van a ser los encargados de servir al conjunto de la sociedad. Así que, ni cortos ni perezosas, nos lanzamos a escribir una carta a las personas responsables de las Consejerías  para solicitarles una entrevista. En un par de días ya teníamos la respuesta: se haría realidad nuestro afán por trasladarles algunas de nuestras dudas y, ¡bien!, tendríamos la oportunidad de visitar el Palacio de Navarra. Todo un regalo que agradeceríamos de forma especial en un lugar emblemático: el Salón del Trono.

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Después de responder a todas nuestras preguntas, el Consejero Sr. Mendoza nos hizo unos obsequios, entre ellos un libro, que alguno de nuestros chicos leyó en un periquete.

La Consejería de Educación fue la primera que visitamos. Ese día nos acercamos hasta la Cuesta de Santo Domingo los chicos y chicas de cuarto, quinto y sexto. Al Consejero Sr. Mendoza le hicimos un montón de preguntas. Quisimos saber si él creía que  para obtener grandes resultados académicos había que tener expectativas muy altas. Por supuesto, no nos olvidamos de preguntar si este año los chicos y chicas de sexto tendríamos que hacer las pruebas diagnósticas. Él nos contestó que haríamos unos ejercicios pero que serían elaborados aquí, en Navarra, en nuestra casa. Preguntamos también quién le explicó en qué consistía su trabajo y muchas cosas más. Incluso, una alumna nos hizo partícipes de su inquietud por acabar con la mala fama que lleva el colectivo de los gitanos y gitanas, al que ella misma pertenece, porque no dan mayor importancia a la educación y también, como algunas personas piensan, por recurrir al robo como forma de vida. En fin, la entrevista dio para mucho y le agradecemos que se quedara con nosotros hasta la hora de marchar al Parlamento.

Cómo preparamos las visitas.  Resultó particularmente enjundioso preparar las preguntas adoptando el rol de inquisitivos periodistas, y descubrir qué nos interesaba más y qué nos interesaba menos. La verdad es que también deseábamos conocer más de cerca a políticos con gruesas responsabilidades. Echamos un vistazo a internet y leímos sus biografías. Dimos, por así decirlo, una vuelta al organigrama del Gobierno de Navarra y, lo más divertido de todo, asignamos ciertos cargos (consejerías y direcciones generales) a los dieciséis chicos y chicas del Tercer Ciclo para que resultaran más  significativas las entrevistas.

Segunda visita: la Consejería de Salud.

Pocos días después de visitar la Consejería de Educación nos acercamos hasta el Departamento de Salud: el Sr. Consejero, Fernando Domínguez, nos recibía para hablarnos y resolver algunas dudas que teníamos acerca de la Sanidad en Navarra. Todos allí nos trataron cálidamente, nos entregaron identificaciones personalizadas, con nombre y apellido, y nos acompañaron hasta la sala de reuniones, donde cartelitos también con nuestros nombres nos indicaban dónde habíamos de sentarnos.

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Después de darnos a cada uno de nosotros una credencial, subimos a la sala de reuniones del Departamento de Salud, donde el Consejero respondió a todas nuestras preguntas.

El señor Consejero satisfizo nuestra curiosidad contestando a preguntas sobre el impacto en Navarra del virus del zika, o sobre la cobertura que tienen las enfermedades raras en nuestra comunidad. Algunas otras preguntas se relacionaban más con nuestra experiencia personal: cuánto le cuesta a la ciudadanía cada consulta de Pediatría que requerimos en Puente la Reina, o qué se puede hacer para reducir los tiempos de espera en el Servicio de Urgencias de cualquier hospital navarro. La respuesta a esta última pregunta nos chocó mucho: el Consejero afirmó que la mitad de casos urgentes en los hospitales no deberían ser atendidos en ese servicio puesto que no se trataba de urgencias reales. Sorprendente pero cierto. Así mismo, nos gustó saber que existía una relación estrecha entre la Consejería de Salud y otras como la de Presidencia, Justicia e Interior. Una vez más quedaba claro algo importantísimo: el trabajo esforzado y compartido es básico para llevar adelante cualquier tarea. Preguntado por la función del estudio en la formación de cualquier persona,  el Consejero no dudó en destacar lo importante que era la autoexigencia y la fidelidad a la vocación, la verdadera vocación.

Tercera visita: La Consejería de Derechos Sociales

Salimos con una enorme satisfacción de la Consejería de Salud rumbo a la de Derechos Sociales. ¿Qué nos encontraríamos allí? Nos complace decir que nos encontramos lo mismo que nos habíamos encontrado en las otras Consejerías: un equipo de personas muy amables que nos atendieron con verdadero interés para que aprendiéramos cosas que no sabíamos.

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La Presidenta Uxue Barkos nos sorprendió en el Salón de los Presidentes. Quiso saludarnos y nos deseó una feliz visita al Palacio de Navarra.
Antes de que nos recibiera el Sr. Consejero de Derechos Sociales el personal de protocolo nos deleitó -¡sí, sí, nos deleitó!-  con una visita interesantísima por el Palacio de Navarra. Salones preciosos, todo muy cuidado y un trato exquisito. No tuvimos que esperar mucho antes de que Miguel Laparra, el Consejero, nos atendiera. Fue en el mismísimo Salón del Trono.
Preguntamos al Consejero Sr. Laparra si había algo en particular que le quitara el sueño. Le planteamos problemas que hoy mismo acucian a la sociedad entera: el machismo, el maltrato a la mujer, el bullying escolar, la marginación de las personas inmigrantes o el sufrimiento infantil en el caso de la separación de los padres. En la asignatura de Lengua estamos haciendo cortometrajes en los que abordamos algunos de estos asuntos, por lo que nos pareció oportuno preguntar qué posibles soluciones podrían encontrarse y qué podríamos hacer nosotros para hacerlas realidad. En un momento de la entrevista aprovechamos para recordarle que nuestro colegio es una Comunidad de Aprendizaje y que trabajamos mucho en equipo, por lo que nos animamos a preguntarle si ellos trabajaban de la misma manera. Nos fue muy grato escuchar que sí.
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El Salón del Trono, un espléndido lugar para tomarnos una foto con el Señor Vicepresidente de Derechos Sociales del Gobierno de Navarra, Miguel Laparra.
Decíamos al comienzo de esta entrada que íbamos a hacer un regalito muy especial durante la visita: en el mismo Salón del Trono dos de nuestras alumnas  de sexto tuvieron el coraje de acercarse hasta el atril y pronunciar las palabras que muchos años atrás, en dos momentos muy distintos de la historia, Clara Campoamor y Martin Luther King escogieron cuidadosamente para reclamar, la primera, el derecho de todas las mujeres a votar y, el segundo, el derecho inalienable de las personas negras a ser respetadas como las personas blancas. Estos dos discursos formaron parte de una emotiva representación que el mismo grupo de chicos y chicas del Tercer Ciclo del colegio ofreció en el Cine de Mendigorria durante el pasado Festival de Navidad. Estas palabras, lejos de agotarse en el pasado, renacen cuando vemos que los derechos de tantas personas desfavorecidas se conculcan cada día en tantos lugares… La escuela es un lugar donde recordar lo olvidado y honrar la dignidad humana.
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El Consejero Laparra nos invitó a que presenciáramos una reunión de trabajo  para que viviéramos in situ qué es eso de trabajar en grupo. Igualito, igualito que en nuestra escuela de Mendigorria.
Las personas que nos acompañaron por las dependencias del Palacio de Navarra nos dieron una última sorpresa: la Sra. Consejera de Presidencia, Mª José Beaumont quería conocernos. Y así fue. Ella y su equipo nos mostraron los despachos donde trabajan. Pudimos observar los gruesos archivadores que acumulan documentos y más documentos que necesitan para su trabajo, y nos atendieron con la misma amabilidad que en el resto de Consejerías.
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La Sra. Consejera de Presidencia, Función Pública, Interior y Justicia, Mª José Beaumont, se fotografió con los responsables de Informática y Justicia en el organigrama consejeril de la Escuela de Mendigorria.
 Después de dos intensas mañanas podemos decir que aprendimos muchas cosas que nos acercan a nuestra propia tierra. No es fácil conocer los entresijos de un gobierno autonómico. Y mucho menos cuando se tienen diez y once años pero nunca es suficientemente pronto para saber que los políticos y las políticas deben trabajar para el bien de todas las personas porque se deben a toda la ciudadanía y, como sabemos que pensar críticamente no solo es un derecho sino también una obligación, les recordaremos que deben tenernos en mente cada vez que tomen una decisión. No hace falta ser un adulto para decir qué es lo que se quiere y se necesita. Aprendemos a hablar muy tempranamente. No obstante, aprender a decir lo que se quiere decir de verdad es una ardua tarea que nos lleva muchos años.
Contentas y contentos como castañuelas regresamos a Mendigorria. ¿Se había acabado todo? Pues no. Ahora tocaba responder al cuestionario para evaluar las salidas escolares que entre todos y todas habíamos elaborado justo después de hablar con el Sr. Consejero de Educación, de modo que hicimos  la valoración crítica de lo vivido, dialógicamente, como siempre.
Dialogar antes de decidir. Siempre.

Reelaboramos el Proyecto Educativo de la Escuela de Mendigorría

Las experiencias, el estudio y la reflexión acumuladas a lo largo de estos últimos años nos han empujado a reelaborar el Proyecto Educativo del Centro. A continuación, reproducimos algunas partes de un texto -breve y conciso, en torno a mil palabras-, que se puede leer íntegramente en una de las  páginas de este blog, y que recoge qué nos define como colegio y cuáles son nuestros objetivos.

(…)  Este centro apuesta decididamente por el aprendizaje dialógico como motor principal para el logro de los objetivos educativos. Es precisamente la base dialógica del aprendizaje lo que nos lleva a adoptar como nuestros los siete principios básicos en los que se sustenta este Proyecto Educativo del Centro.

Los espacios del aula están al servicio de quienes aprenden.

Nuestro objetivo es que el alumnado sea cada día más competente y desarrolle las habilidades del pensamiento complejo, es decir, que se haga capaz de resolver problemas y tomar decisiones contextualizadamente. Dicho aprendizaje está basado en el diálogo igualitario, tiene un carácter instrumental, evaluable, y exige la puesta en práctica de las actuaciones educativas de éxito identificadas por la comunidad científica internacional.

El proyecto de nuestra comunidad de aprendizaje es una apuesta de transformación de la escuela y del entorno para que nuestros chicos y chicas aprendan más, y ninguna persona quede excluida de la Sociedad de la Información y el Conocimiento. Para ello es necesario crear sentido en las medidas educativas que adoptamos, por lo que trabajamos desarrollando vínculos solidarios con todas las personas de la comunidad y asumiendo no solamente la igualdad de diferencias entre dichas personas, que se debe respetar y alentar con decisión, sino también haciendo hincapié en las diversas inteligencias culturales que el contacto con la realidad hace visibles.

Trabajamos para ser una organización que crea conocimiento (…). Las particularidades del centro hacen necesario el compromiso del profesorado con la organización del mismo, así como con la particular concepción de los procesos de enseñanza y aprendizaje que se dan en él, y la relevancia que se reconoce en los sistemas familiar y comunitario. Todo esto explica la importancia de la formación que se imparte al nuevo profesorado cada curso escolar.

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El Proyecto Educativo del Centro da sentido al quehacer diario y, al mismo tiempo, se nutre de las experiencias del aula.

(…) Asimismo, esta escuela apuesta decididamente por la docencia compartida y por el hecho de que los apoyos educativos se realicen dentro del aula, salvo excepciones.

El carácter comunitario y participativo del centro propicia el encuentro directo y constante entre familiares, profesorado y vecindario mediante asambleas, world cafés, claustros y reuniones de las comisiones mixtas (…).

El carácter que la propia comunidad de aprendizaje le imprime al C.P. Julián Mª Espinal Olcoz le hace adoptar el paradigma crítico como eje vertebrador de una apuesta educativa centrada en el trabajo consciente en torno a las ocho competencias básicas por encima del carácter libresco de las enseñanzas, a todas luces más propio de la Era Industrial que de la Era de la Información y el Conocimiento en que vivimos. Dichas competencias (…) se conciben como formas particulares de movilizar los recursos personales (conocimientos, experiencias, habilidades y emociones) mediante el diálogo, con objeto de que los niños y niñas resuelvan problemas reales (…).

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Saber escuchar es una condición imprescindible para la buena convivencia.

El pilar fundamental del centro lo constituye la puesta en práctica semanalmente de las actuaciones educativas de éxito identificadas por la comunidad científica internacional, como son los Grupos Interactivos –con presencia de voluntariado familiar– y las Tertulias Literarias Dialógicas, que se han generalizado en todas las aulas y que fomentan sobremanera la interacción del alumnado de distintas edades.

La educación de cada niño y de cada niña siempre debe estar encaminada a hacer aflorar lo que específicamente le define como persona, de ahí que sea muy importante proponer al alumnado ejemplos múltiples de personas en las que reconozcamos particularmente el valor del esfuerzo, la dedicación a distintos ámbitos del saber y el compromiso con los demás. Así es como podemos llegar a entender la diversidad en clave de talento. Cada persona es una novedad en la historia y aceptarse tal cual se es nos ayuda a admitir a los demás como son, celebrando sus virtudes y cualidades y dando respuesta a sus demandas (…).